Bajo vibraciones biónicas

2–3 minutos

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El concepto detrás de este trabajo es el transhumanismo. Es una obra para dos contrabajos y sintetizador que toma la forma de un diálogo, protagonizado por los contrabajos, donde la partitura deja espacio al intérprete de la parte electrónica para interactuar en forma orgánica.
Desde el lado técnico, la parte electrónica tiene varios procesos automatizados donde el intérprete va controlando parámetros que, a su vez activan otros, alimentando procesos que funcionan «por sí solos» dentro del esquema de la composición.
En el sonido propiamente tal, la forma va mutando constantemente. El sonido orgánico puro y no procesado de los contrabajos muestra sus texturas y se entrelaza con el sonido sintetizado. Es como si hubiese dos naturalezas, como escribió Philip K. Dick: “las cosas eléctricas también tienen sus vidas, por insignificantes que sean”. En este trabajo si bien lo electrónico se articula en función de lo orgánico, cada sonido mantiene su esencia sin pretender ser lo que no es. Y aparece el juego de identidades de naturalezas que se complementan.
En el contexto de la música contemporánea de alguna forma se reafirma la electrónica como una herramienta muy potente, sobre todo por el gran espacio que deja para la experimentación de nuevas sonoridades y formas de interacción. Desde mi perspectiva, una de las maneras de hacer música electrónica donde siento más control en el diseño sonoro es trabajando con una pista ya hecha, terminada, mezclada y masterizada, como pasa en la acusmática. Claro que ahí se pierde la presencia performática del intérprete instrumental, que para mí, es una parte valiosa de la experiencia. Lo que se ve también es parte de la obra.
A veces se piensa que la “nueva música” tiene que romper sí o sí con lo tradicional: salir de la tonalidad, que los ritmos ya no sean regulares o no usar ciertas lógicas heredadas. Pero si uno lleva eso a un extremo quizás un poco absurdo, es fácil agotar recursos sin profundizar en ellos. El ruido, por ejemplo, sin contexto podría percibirse como lo más atonal y rítmicamente irregular que existe, pero su expresión también está limitada por la materialidad de los instrumentos acústicos si los comparamos con los recursos electrónicos, que ofrecen posibilidades que más que nada están acotadas por nuestra propia percepción.